Cada año, en mayo, cuando celebramos el día de la madre no puedo evitar reflexionar sobre como mi vida me trajo al lugar donde estoy. Este es mi tercer año celebrando esta fecha y todavía no me acostumbro.
Creo firmemente que uno en verdad no tiene idea de lo que es ser madre hasta que no le toca. La entrega, el amor, el sacrificio. Poner en pausa su vida para darle vida a una persona. Me le quito el sombrero a cada una de ustedes, luchadoras, guerreras. Dar vida a una personita, alimentarla, cuidarla, trasnochar cuando está enferma, madrugar todos los días del año. Cambiar los viajes, las fiestas, las comidas, por los pañales, los juguetes y Peppa. Verlos crecer día a día, volverse independientes y dedicar cada minuto de su existencia a que esa personita crezca con valores, con disciplina y lo más importante, que sea feliz.
Ser mamá es la labor más bonita y por eso hoy es necesario felicitarlas a cada una de ustedes, porque para esa personita son el ser más importante del mundo.
Y mientras Samu se queda dormido en mis brazos, no puedo evitar sonreír con los ojos aguados pensando en que él fue mi mejor decisión. Con miedo de cómo iba a resultar la situación, en el momento menos indicado llego, a darme alas, a transformar mis sueños. Me volvió una mejor persona, me ayudo a madurar, a centrarme, a trabajar, es él mi inspiración diaria. Me enseñó a dar todo de mí, solo para sea feliz y algún día cuando este grande me mire y diga, estoy orgullosa de que tú seas mi mamá como yo se lo dije el día de hoy a la mía. Gracias a ella soy quien soy, me siento afortunada de tenerla como mamá y de que el me haya escogido para ser la suya.